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20080311130454-20080311elpepivin-4.jpgSomos seres sociales. De eso no hay duda. Nos hemos organizado en comunidades más o menos autosostenibles que generan su propia idiosincrasia y en última instancia, son un egregor en si mismo, una entidad supra-consciente que genera su propio sistema y modo de vida. Eso es al fin y al cabo una sociedad. Diferentemente a como solemos pensar, esa entidad no es controlada por los miembros de esa comunidad, sino que tiene vida propia. Y para que el propio ser sea capaz de generar su propia auto-consciencia, tiene que poder valorarse a si mismo como una entidad independiente. Nosotros somos seres auto-conscientes, eso lo sabemos, pero como los peces en el mar, no alcanzamos a entender que la sociedad, la comunidad, lo que nos rodea, es a su vez una entidad que nos inunda y de la que no podemos salir sin morir. Es cierto que los seres vivos son capaces de vivir en soledad, pero generalmente no suelen ser viables en esas condiciones, y cuando lo son, lo hace en el más absoluto aislamiento, lo que en general, termina generando taras mentales e incluso físicas. Esto, por supuesto, es una abstracción, pero que me permite alcanzar mi objetivo principal, que es explicar el valor del ser social y lo que ese valor aporta a la comunidad. Porque, visto desde una perspectiva actual, ese valor es lo que nosotros damos y esa sociedad recibe, y cuando no nos valoramos adecuadamente, esa sociedad no nos valora como nosotros esperamos, a pesar de que, en realidad, hemos sido nosotros los que para empezar, no nos hemos valorado suficientemente a nosotros mismos. Sigue leyendo

¿No os da la sensación a veces de que parece que estamos viviendo dentro de una serie de dibujos animados?

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Y no lo digo sólo por las fotos…

 

Yerma

yermaHace poco estuve en una representación de Yerma en el Teatro Principal de Zaragoza. En general no estuvo mal, con una puesta en escena sorprendente (instalaron un “río” y “llovió” de verdad en una de las escenas finales, lo que sorprendió bastante en ese momento). Pero más allá de la mera crítica artística, en la que no me voy a meter porque no es mi objetivo, quiero tratar el asunto de lo que realmente cuenta esa historia. Porque, en realidad, Yerma no habla de una mujer estéril. Habla del espíritu femenino subyugado a la existencia.

Lorca utiliza la sintomatología social de su época para describir unas relaciones malsanas entre hombres y mujeres, que en realidad son intemporales, porque desde que existe la sociedad patriarcal siempre han sido así. Podríamos trasladar con bastante éxito esa historia a los tiempos modernos de múltiples maneras, ya que realmente sólo cambia el entorno y tal vez los condicionamientos culturales, pero poco más. La mujer sigue estando atada, en vez de al marido (aunque muchas todavía lo están, con eso me meteré luego), a la sociedad, que se ha convertido en su nuevo amo y señor. Y quiero aprovechar, por supuesto, para introducir en este artículo una idea sobre la que vengo a querer escribir desde hace tiempo pero nunca sale la oportunidad: el feminismo como la nueva forma de gestión de la esclavitud femenina en nuestro tiempo. Sigue leyendo

¿Y tú, cuánto cuestas?

Interesante visión de la relación entre México y USA, probablemente no muy asimilable aquí en Europa, y que nos descubre luces y sombras no sólo de estas dos naciones, sino de su gente y de los individuos concretos… Algunos seres que comprenden su luz y la practican y otros totalmente dormidos, más los circunspectos que simplemente se doblegan ante lo que les depara la vida sin solución de continuidad… En definitiva, un documento realmente curioso e interesante, y esclarecedor de muchos conflictos pasados y actuales que podemos comprender ahora un poco mejor (sobre todo los que no estamos allí…).

Reír por no llorar

Sueños eróticos

“Nadie tiene sueños eróticos con alguien muy simpático”

Esta frase la leí el otro día en el escaparate de una cadena de tiendas de perfumería y cosmética bastante importante (que obviamente no voy a mencionar). Al leerla, me invadió la sensación de que esa frase resume de forma muy exacta la forma que tiene una parte muy importante de nuestra sociedad sobre la sexualidad y las relaciones entre sexos (o del mismo sexo, me da igual, pero sexual igualmente). La traducción que hace nuestro subconsciente de esta frase es:

“Nadie quiere tener sexo con alguien feo”

Sí, generalmente traducimos “simpático” por “feo” o “poco interesante” (especialmente, no nos engañemos, muchas individuas del sexo femenino, aunque no es exclusivo suyo, claro). Evidentemente, el mensaje que envía esa tienda está dirigido a que las mujeres que lo lean piensen, de forma subliminal (que no racionalmente, porque se sale de toda lógica): “tengo que estar mona para que tengan sueños eróticos conmigo, o quieran tener sexo conmigo, o salgan conmigo, o…”. Vivimos en una sociedad donde especialmente las mujeres (esta frase no la veréis nunca en una tienda para hombres) se sienten tremendamente inseguras respecto a su feminidad y su relación inter-dependiente con los hombres. Evidentemente, a este tipo de establecimientos le interesa mucho explotar esta faceta de inseguridad sexual de las mujeres, que les impulsará a comprar más sus productos. Pero más allá de lo poco ético que es el asunto, que lo es, a mi me preocupa más como consiguen manipularnos para sus objetivos, de formas tan ruines y sibilinas, y al mismo tiempo sorprendentemente creativas e imaginativas. Esto demuestra que la élite no sólo nos conoce perfectamente, sino que entiende a la perfección que pitos tocar para motivarnos de las maneras que a ellos les interesa.

Porque no nos engañemos, esto forma parte de una estrategia mucho más amplia que la de vender cosméticos. Se trata de ningunearnos, usar el sexo para controlar como dirigimos nuestras elecciones y nuestra vida. Se trata de minimizar la imagen que la mujer tiene de si misma, haciendo que compre productos para parecer más provocativa, más estimulante e interesante para los hombres, haciendo que desgaste sus múltiples capacidades personales y espirituales de manera inútil y sin sentido. Consigue que sean más inseguras cada vez, más dependientes de los hombres y más ligadas a instintos que a intuiciones. Hacerles sentir parte de un rebaño, para ser “escogidas” por el macho, cuando en realidad, ellas tienen el gran poder de ser las que eligen, y no al revés… Además, deberíais saber algo: los hombres, por naturaleza, tenemos fantasías de lo más inverosímiles con las personas más inverosímiles. Se ha extendido el rumor y la creencia de que sólo fantaseamos con mujeres tipo Paris Hilton o Cristina Aguilera, y eso es una falsedad patente. Así que además de manipularos, amigas mías, os están engañando de forma vil y cruel. De partida nunca creáis lo que os dice la publicidad, pero más cuando se trata de lo que ocurre en nuestro interior: ni ellos ni nadie más que tu sabes lo que ocurre dentro de ti. No os condicionéis por lo que os dice la sociedad, la publicidad o la cultura: sed libres y actuad como tales. Tendréis éxito y felicidad en la vida.

El otro día vi, porque tampoco había mucho más para ver, la película “Limitless” (Sin límite), una historia que podía haber sido realmente curiosa y que finalmente se queda en un mero entretenimiento que como mucho causa una sonrisa. Pero quiero tomarlo de ejemplo para lo que viene a ser la programación social que nos envían incesantemente los falsimedia para que crearnos una forma de existencia mediocre y sin fundamento. Al menos es entretenida.

Un tío que se hace llamar a si mismo escritor (un desahuciado de la vida) no tiene ni puñetera de escribir y no se come un colín, claro. Le deja la novia, por imbécil, y está a punto de perder el alquiler de eso así llamado casa, mientras es incapaz de escribir una sola linea coherente de texto (lo que no se entiende es como es posible que alguien así consiguiera un contrato de impresión con una editorial, la verdad). La cuestión es que el tío en si no es mala gente, pero es lo más dejado que hayáis visto en los días de vuestra vida. Digo esto porque tiene un karma cojonudo y se encuentra con su ex-cuñado (sí, para más inri, está divorciado), que es un camello de altos vuelos. Le deja una pastilla que supuestamente le cambiará su vida de diversas maneras. Remolonea, pero como el chaval este se ha debido meter hasta cicuta, acepta. Se la traga y al momento se convierte en el tío más molón de la historia: es capaz de escribir la mitad de libro encargado ese mismo día, liga con todo Cristo, deja su casa arruinada como los chorros del oro… Se puede decir que todo su cerebro se reactiva para convertirlo como mínimo en persona (aquí ya hay un fallo esencial: si con un pobre hombre como este era capaz de hacer esto, no quiero pensar lo que sería capaz alguien con dos dedos de frente…). El caso es que al día siguiente el efecto ha desaparecido y claro, ahora ya se ha creado expectativas, así que decide visitar a su colega de nuevo para obtener más (aunque la pastilla son 800 dólares del ala cada una). Bueno, el tema es que llega, y al volver de hacerle unos recados al cuñado, se lo encuentra asesinado. El espectador asume sin riesgo de error que ha sido por la droga, pero el idiota este no se da cuenta hasta después de llamar a la policía. Consigue encontrar la droga antes de que llegue la autoridad y se sale de rositas. Los errores de argumento con la policía son de libro, ya lo veréis si tenéis ganas de visualizar el film. El caso es que consigue su alijo y durante dos meses se convierte en el crack de Wall Street (que tópico), consiguiendo 2 millones en 10 días o algo así… Pero como no, la droga tiene efectos secundarios, y tiene lagunas tales en las que incluso ¡mata gente sin enterarse! Bueno, su vida se empieza a ir por el sumidero cuando encuentra a su ex, que también tomó la droga pero no ha muerto como otros. Bueno, a partir de ahí, la película se convierte en una especie de sinsentido violento que desemboca, no se sabe como, con que el tío se convierte en senador. Sí, todo muy extraño, pero lo que me interesa es lo que viene a continuación.

El tema principal de esta película es que puedes convertirte en un superhombre tomando una pastilla. Tomando un químico, tu cerebro pasa a estado turbo y te conviertes en el rey del mundo racional. Intelectualmente eres insuperable. Y aquí es donde tenemos los primeros fallos importantes a nivel de programación mental. Lo primero, y es algo que aprendes al iniciar el camino, es que sólo existe verdadera inteligencia si fusionas razón e intuición. Son las dos formas de pensar que tiene nuestro cerebro. Esta película es el típico mensaje de que para triunfar en esta vida sólo necesitas ser el tío más listo (racionalmente hablando) del planeta. El colega no sólo no es intuitivo, sino que a pesar de su supuesta inteligencia, no las ve venir por ninguna parte (excepto al final justo de película, en que se convierte poco menos que en omnisciente). Sólo lo externo y racional tiene sentido para él y entra en sus cálculos. Luego está, lógicamente, la cuestión de que confiemos en la química para conseguir de nuestro cuerpo lo que queramos, curarnos o ser mejores. Obviamente debe ser así porque hay dos mercados que mantener: farmacia y drogas. Debemos estar todo lo enganchados que sea posible a toda la porquería que podamos tragar. De hecho, hoy día hay gente que si no te metes aunque sea un paracetamol te miran raro, ya que no entienden como puede ser que vayas tan bien por la vida y ellos tengan que meterse de todo para levantarse (o acostarse) a diario. Y bueno, como ya inventan pastillas para la impotencia, la obesidad y hasta para la memoria, ¿quién no nos dice que dentro de nada también habrá para subir 100 puntos tu cociente? Mirad, yo he conocido a gente muy inteligente, los he tenido de amigos, y son gente bastante desgraciada por regla general. Ven el mundo de tal manera que todo les viene pequeño, no comprenden lo que para cualquier humano “inferior mental” es lo más normal del mundo y de hecho en muchos casos ni siquiera pueden tener relaciones estables permanente, porque los demás no consiguen estar a su nivel (son altamente racionales y su capacidad de intuición o emocional está gravemente disminuida en según que casos). Pueden ser sumamente repelentes si no les sabes llevar y de hecho suelen fracasar en muchas cosas a las que se enfrentan porque no consiguen congraciar el mundo real con el que ellos consideran que debería existir realmente. Pero el tío de la peli no es nada de eso: si, te muestran todo lo “guay” que debe implicar ser “superlisto”, pero ninguno de los peros ni limitaciones (excepto el hecho de que la droga esa en cuestión casi le mata, pero claro, eso también lo solucionan de un plumazo). Vamos, realismo puro y duro en pantalla.

Pero claro, luego está el tema chungo: convertirte en un ser superior engancha. Aunque parece que la droga no tiene efectos secundarios desde el punto de vista del supuesto cuelgue y el mono típicos de cualquier droga (ya que no es psicotrópica), en realidad tiene un efecto secundario que lógicamente no asocian con daños colaterales: te da la impresión de ser un superhombre, con un éxito desbordante y tremendamente atractivo ante los demás. Este pobre desgraciado se da cuenta de que no es él mismo cuando la toma, y dándose cuenta de que sería un mediocre si no, decide tomarla día tras día, a pesar de los efectos secundarios chungos que terminan apareciendo tras llevar un tiempo tomándola y que están a punto de arruinarle la vida. Pero sin ello no es persona. Esto encaja con como la sociedad pretende (y consigue en muchos casos) conseguir que seamos totalmente inconscientes de nosotros mismos y de nuestro verdadero ser: moda, drogas legales, apariencia, deseo de cosas materiales (consumismo), etc… Sin ellas, no somos nadie, según el sistema. Si no consumes, no eres válido, ya que no colaboras a que el status quo se mantenga (crecimiento sin fin y sin razón de ser). Claro, al final, la droga, más que convertirte en alguien mental e intelectualmente superior, sólo tendría el sentido de convertirte en el socialmente más interesante y exitoso. Al final, la gente se daría cuenta de que ser más listo y competente sería lo de menos: el objetivo será en todo caso convertirte en alguien que, aparentemente, es mejor y que tiene seguidores (un twitter psicodélico, vamos). Finalmente, tu vida sería un mero pasar de días intentando ser el más interesante y se vaciaría totalmente de contenido. Tu vida solo tendría sentido en tanto en cuanto mantuvieras ese status quo. ¿Qué pasaría si se terminase? Que tu vida dejaría de tener sentido. Suicidios en masa. Cuando tu realmente no has cambiado: sigues siendo realmente el mismo, sólo que tu idea de ti mismo no es la misma.

Se puede conseguir desarrollar enormemente las capacidades de nuestra mente sin necesidad de drogas, sólo que cuesta más y es más largo en el tiempo, lo que no mola nada. Pero es permanente, y te hace querer mejorar cada día de forma que al final no te cuesta hacerlo. Pero como en el camino espiritual, cuesta empezar, y por ahí es por donde no quiere empezar nadie. ¿Y tú, te has tomado ya la pastilla?

Escribo este artículo como contestación al artículo del Blog de Mino, “El VIH ¡no existe!“, que no sólo comparto sino que además refrendo. No he querido escribir todo esto en el propio artículo porque iba a ocupar casi tanto como el propio post y me parece un poco irreverente para con el anfitrión del citado blog. El único problema que le veo a este artículo es que, por desgracia, no dice lo que es realmente el SIDA.

Más allá del miedo, el mercadeo con la muerte, los pingües beneficios y toda una suerte de extravagancias a las que hemos sido sometidos desde entonces (aquello del intercambio de saliva en los besos, que tiempos…), lo que realmente es el SIDA es CONTROL. Ha sido uno de los últimos mecanismos erigidos por la élite para lograr el control sobre todos nosotros de tal forma que no sólo ha conseguido el poder sobre nuestra conciencia, nuestra personalidad, nuestro comportamiento y nuestra vida en si misma, sino que además nosotros se lo hemos permitido de tal forma que, lamentablemente, ahora ya va a ser francamente difícil de erradicar de nuestra cultura.

Imagínense a las millones de personas, sólo en el primer mundo, que han caído en la trampa. ¡Y sin pruebas! Lo más alucinante de todo es que simplemente decidimos confiar en lo que nos dice un extraño (el médico), y ni siquiera razonamos de forma crítica lo que nos dice. Sólo obedecemos. Hemos delegado la responsabilidad sobre nosotros mismos hasta el punto en que ni siquiera nos cuestionamos lo que recibimos de las “autoridades”. Somos una raza aún demasiado joven para entender que no sólo somos capaces de ser responsables de nosotros mismos, sino de que debemos hacerlo. Nos llega alguien un día y nos dice: “tienes SIDA”. Sólo nos enseña un test que supuestamente demuestra que así es, tenemos esa enfermedad. No nos paramos a pensar un momento sobre qué significa tal cosa. No investigamos. No decidimos comprender exactamente en toda su dimensión qué significa esa expresión y su alcance. Simplemente nos entra un acojone supino y ahí nos quedamos, patidifusos. Como si nos dijeran que tenemos un cáncer (enfermedad real pero también parte de la gran mentira médica de nuestro tiempo. Así, se ha conseguido no sólo arruinar literalmente millones de vidas (maldita eugenesia), sino que otros miles de millones viven literalmente en el miedo. Pero nadie nos dice porqué. Sólo se nos dice que no es verdad, que no debemos tener miedo. Y es cierto. Pero por muchas pruebas en contra que se quieran presentar, no presentamos la razón real de esta conspiración. Esto es lo que quiero desarrollar en este artículo.

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Instituciones

Las instituciones son una de las rémoras más importantes que existen en las sociedades actuales. El sistema como tal se sustenta en las instituciones, ya sean políticas, económicas, sociales, culturales, militares, etc., las cuales son uno de los pilares fundamentales de la misma. Estos pilares además se basan en el principio de autoridad, que ya comentamos anteriormente.

Las instituciones son, básicamente, conjuntos de reglas que aglutinan personas. Generalmente, una institución no es creada por personas, como se nos hace creer. Las instituciones son creadas por normas, ya sean leyes o contratos, que fijan la forma en que deben funcionar esas instituciones. Sea cual se el tipo de institución, esta no va sobre personas, sino sobre normas. Son creadas a su vez para servir de provecho a otras personas (sus creadores), para su propio beneficio. Y prácticamente no encontraréis instituciones que no sigan estas reglas básicas. El rechazo a las instituciones es básico para lograr el objetivo final de la libertad individual y social.

El anti-sistema no puede permitirse el lujo de obedecer a las instituciones. Las instituciones generan sometimiento, a través del control físico o mental. Al generar comportamientos nuevos, la instituciones regula y controla nuestro estatus y nuestra forma de vida. Gracias al principio de autoridad, someten a las personas a una filosofía de vida que les lleva a alejarse paulatinamente los unos de los otros, e incluso de ellos mismos, de manera que nos convertimos en sombras de personas. Delegamos todo, incluso el pensamiento, en quienes dirigen esas instituciones. Probablemente la forma más refinada de institución es la personal, es decir, aquella en que la persona es la institución, ya que lleva el principio de autoridad a límites inabarcables. Ellos son la ley, la norma, y todos deben obedecer la norma, y por lo tanto, a ellos.

Debemos pues acabar con la institución, verdadera rémora de nuestra sociedad y lo que nos impide avanzar y evolucionar de la forma más adecuada y correcta posible. Si queremos alguna vez desembarazarnos de lo que nos hunde en la miseria más absoluta, primero debemos eliminar la institución como elemento directriz de la sociedad. Y eso lo tenemos que hacer entre todos, negándonos a continuar bajo su yugo.

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