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Anunciar nuestras intenciones atrae las bromas de Dios

– Al Swearengen

Esta frase dicha por uno de los personajes principales de la serie Deadwood (si no la habéis visto, os la recomiendo encarecidamente) no es comprensible desde un punto de vista meramente convencional y lógico, pero aplicando el adecuado simbolismo espiritual podemos abarcar su significado en toda su extensión. Luego, más adelante en el artículo, revisaré esta cuestión, pero lógicamente, antes hay que presentar y comentar extensamente la que es posible que sea la ley cósmica más compleja y sin embargo accesible a nosotros, y que nos permite, de hecho, manipular completamente nuestra vida, entorno y circunstancias a nuestro antojo. La ley de atracción, o, como le han dado en llamar con un nombre bastante comercial e inexacto (aunque condensa hasta que punto somos ignorantes sobre este punto): el secreto. Sigue leyendo

El transhumanismo

Mucho se ha hablado del transhumanismo, de hecho es una discusión filosófica que tiene ya más de un siglo largo de existencia y que cada cierto tiempo toma fuerza. H. G. Wells y Russell ya hablaban de estas cuestiones, y aunque en la Wikipedia sólo se haga mención de los últimos 30 años, lo cierto es que las imaginerías ficticias acerca de la elevación del hombre a otro nivel de evolución no son nuevas. El nazismo social no era otra cosa que eso, a su manera. Pero ahora tiene un cariz más tecnológico, como prueba del mundo en que vivimos, donde las máquinas nos van sustituyendo poco a poco. Ahora mismo, el transhumanismo es básicamente una idea que ronda la siguiente posibilidad: ir evolucionando al ser humano eliminando lo que tiene de ser vivo natural y convirtiéndolo en una máquina. Todo ello, eso sí, con muy buenas razones.

Para los transhumanistas, nuestra condición humana de seres vivos es la razón y la causa de las enfermedades, la pobreza, y obviamente, la muerte. Parecen no tener en cuenta que en estado salvaje, los animales y las plantas, dentro del equilibrio normal, no padecen prácticamente enfermedades ni tienen problemas en general de sostenibilidad, pero bueno, nosotros somos así. El asunto es que al parecer, como nosotros somos diferentes, porque nosotros lo valemos, esta condición vital hace que indefectiblemente seamos inferiores por ser de carne y hueso, imperfectos, y por lo tanto, necesitamos evolucionar más. Al parecer también, no podemos evolucionar más en nuestro estado actual (aquí siempre estoy hablando de evolución darwiniana, que es el concepto que usan los transhumanistas, es decir, el de evolución progresista y meramente “a step forward”) y necesitamos un “empujoncito” por medio de la tecnología para poder avanzar mucho más, para llegar al nivel, por ejemplo, de no morir (si nos vamos cambiando piezas biológicas por otras cibernéticas, eventualmente podremos vivir para siempre ya que, claro está, las piezas biológicas no pueden ser cambiadas a voluntad ni renovadas automáticamente). Pero además hay más objetivos a largo plazo, ya que existiría un “posthumanismo”, una especie de desarrollo que nadie tiene muy claro y que es más un tema de ficción que algo que discutan abiertamente en los foros, pero que está ahí y que, cuando tengan claro, nos lo harán saber. Pero antes hay que pasar por el transhumanismo. Y esto hay que entenderlo bien. Sigue leyendo

Denunciemos esto debidamente:

La relajación

Forma correcta de iniciar la relajación

Continuando con los contenidos sobre meditación, vamos a pasar a un elemento de la misma que podemos ejercitar en todo momento y lugar. Es posible relajarse en cualquier sitio y en cualquier momento. En cuanto se coge cierta práctica con la ejecución, es relativamente sencillo hacerlo en cualquier parte. Pero en la meditación, la relajación es un paso previo fundamental sin el cual no es posible desarrollar adecuadamente el proceso de auto-observación. Algunas personas pueden relajarse incluso andando, y meditar mientras lo hacen, pero es una habilidad que por desgracia no todo el mundo tiene. Espero que este artículo sirva de introducción a aquellos que no sepan relajarse bien y tengan necesidad de ello, aparte de aprender a meditar, claro…

La relajación básicamente consiste en conseguir un equilibrio de energía a nivel físico. Con esto quiero dejar claro que relajarse no es sólo destensar músculos. Eso no tiene sentido porque siempre tenemos algún músculo tenso, por ejemplo, por el mero hecho de respirar. Esto implica que el problema no es puramente fisiológico, sino energético. Cuando tenemos desequilibrios de energía, estamos tensos, y notamos una desarmonía constante en nuestro organismo, sobre todo si se acumula la energía en determinados puntos, provocando dolor. La relajación básicamente consiste en que la energía se estabilice y se armonice, y eso se puede hacer simplemente con la mente. Para relajarse, debemos comprender desde un primer momento que se trata de un acto mental, no físico. Como sabrán los que han intentado relajarse muscularmente sin éxito, la relajación puramente física es utópica, no se consigue y de hecho se termina más estresado que antes.

Algo que tenemos que comprender desde un principio es que dentro de nuestro sistema básico de cuatro cuerpos, el tercero, el mental, sirve como sistema de control de los dos menos sutiles, el físico y el energético. Es su función principal. Nosotros, como espíritus de energía, usamos la mente para muchas cosas, pero la mayoría de la gente no comprende que puede usar su mente para controlar los flujos y procesos físicos y energéticos de manera eficiente. Relajarse bien no es algo que salga a la primera, especialmente para la gente muy estresada, pero cuando se coge práctica, es algo que puede hacerse en cualquier sitio y en cualquier momento, incluso en lugares ajetreados como el metro. También quiero aclarar un punto aquí: el cerebro, como tal órgano, es básicamente el representante físico de la mente, el que gestiona en última instancia las instrucciones que nosotros damos (consciente e inconscientemente), sus dos partes se corresponden con las dos formas de pensamiento mental que tenemos: la parte izquierda se corresponde con la parte racional y estructurada, y la parte derecha se corresponde con la parte intuitiva e imaginativa. Este es el punto principal en el que debemos movernos, porque debemos usar esta parte imaginativa para relajarnos.

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Yo, hombre, mujer, Cosmos

Pequeño relato hindú que he encontrado en una lista de correo. Aleccionador sobre el sentido de la polaridad y la integración con el Cosmos:

Era un yogui abstinente que había aprendido a canalizar todas sus energías sexuales hacia el desarrollo espiritual. Vivía en una casita a las afueras del pueblo y era frecuentemente requerido por devotos del pueblo que le reclamaban instrucción mística.

Cierto día, un grupo de buscadores los visitaron y le expusieron la siguiente cuestión:

-Maestro, nos preguntamos como puedes asumir tan fácilmente tu soledad, cómo no echas de menos a una mujer que te acompañe y te sirva de apoyo y consuelo.

-Nunca estoy solo, os lo aseguro -repuso el yogui-. Yo soy hombre y mujer. He logrado unificar en mí ambas polaridades y jamás podré ya sentirme solo. Me siento pleno y siempre acompañado. Cuando por ejemplo, barro mi casa o tiendo mi lienzo, soy mujer, pero cuando cargo grandes pesos o corto leña, soy hombre. Según la tarea que lleve acabo, me siento hombre o mujer, pero en verdad no soy ni lo uno ni lo otro, por que soy ambos a la vez.

La llamada de la Luz

Este vídeo lo encontró nuestra amiga Paula (1234 en los comentarios) en MegaVideo y hago redifusión en YouTube porque creo que su mensaje es importante e interesante. La Luz está en todos nosotros, pero su llamada sólo la escuchan aquellos que están preparados. No hace distinciones entre los que pueden escucharla. Sólo hay que sentir sus reglas y llevarlas a práctica. ¿Tú también estás preparado/a para la llamada de la Luz?

(Si alguien conoce el origen de este vídeo o su autor, por favor que nos lo haga saber).

Habitualmente la gente no suele escuchar el sonido de su propia voz. La vibración que producen nuestras cuerdas vocales resuenan en nuestros huesos y órganos internos, de forma que esa vibración genera, aunque a nosotros nos parezca imperceptible, una realidad energética en nuestro interior. Más adelante me sumergiré en lo que son nuestros cuerpos sutiles, pero me gustaría que realizarais un pequeño ejercicio cuando podáis: cuando estéis sólos, cerrad los ojos, emitid un sonido sordo desde el interior de la garganta, grave, y mantenedlo durante unos segundos. Notad como la vibración del sonido se amplía en vuestra caja torácica, la garganta y llega a vuestro craneo, y disfrutad de la sensación del sonido en vuestro cuerpo. Habéis notado la vibración del Cosmos en vuestro interior.

La segunda ley cósmica dice que todo el Cosmos es un sistema energético vibrando de infinitas maneras, y esa vibración es lo que conforma la existencia en este plano y en todos los demás. Lo que vamos a comprobar en este artículo es que la vibración cósmica no es sólo vibración sonora, sino también de todos los tipos de energías. Nuestros pensamientos, palabras y actos vibran generando el mundo que conocemos y que no conocemos. Una de las consecuencias como veremos es que somos nosotros los que generamos el mundo en que vivimos. Literalmente.

Como ya vimos en los anteriores artículos, el Cosmos es un conjunto infinito de energías, todas ellas vibrando en diferentes frecuencias. Nosotros podemos experimentar directamente sólo un pequeño (muy pequeño) conjunto de ellas. Después podemos sentir algunas de forma intuitiva o tal vez física, dependiendo de nuestra sensibilidad. Y por último, la mayor parte de esas energías pasan totalmente desapercibidas para nosotros, sólo pudiendo experimentar algunas de ellas por medio de aparatos que interactúan eléctricamente con ellas (sensores). Son como órganos de los sentidos artificiales que nos permiten ampliar un poco nuestro mapa energético. Para comprender esto volveremos a un tema que esbocé en el archivo II: el mundo material es básicamente energía que vibra de forma densa y que conforma el mundo en que vivimos.

El mundo físico es material, es decir, está conformado por un tipo (o varios, ya que hay materia, como la denomianda materia oscura, que no podemos percibir porque no refleja la luz) de energía que vibra en resonancias muy densas (bajas frecuencias). Así, se conforma en lo que denominamos átomos, que a su vez están constituidos por partículas subatómicas. Estas a su vez lo están de otras y así sucesivamente. ¿Donde está el final? No se sabe realmente, pero lo que tenemos que entender es que los átomos, como esas partículas, vibran en esa frecuencia, y al hacerlo todos a la vez, pueden interactuar entre si, interfiriéndose. La energía, vibrando en una determinada frecuencia, puede interferirse creando ruido o distorsión. Como veremos a continuación, esto es así para el mundo en que vivimos. Sigue leyendo

En el anterior archivo realizaba una introducción general al Cosmos como supra-entidad autocomprensiva de toda la realidad. Enumeré también las clásicas leyes herméticas o cósmicas, en tanto que reglas de funcionamiento del Cosmos y de todo lo que contiene. La primera de esas leyes es la de la mente universal, que además, tiene un doble significado: informa sobre la inteligencia del cosmos, y al tiempo, sobre la unicidad. Todo es Uno: el propio Cosmos.

En realidad, comprender el concepto de la unicidad es casi de cajón de madera de pino, que decimos en mi tierra natal. Si el Cosmos es todo lo que existe, necesariamente todo él y todo lo que contiene conforman una unidad en si misma. Si además tenemos en cuenta que el Cosmos per se es un agregado de energías, y esas energías en su fundamento son básicamente la misma, pero vibrando en frecuencias diferentes, entendemos mucho mejor el concepto de unidad. Imaginaros un lago enorme de agua. Toda ella está formada por una balsa enorme de líquido que además puede contener otros elementos, como peces y piedras. Pero llamamos lago a todo ello. No distinguimos el lago líquido del lago de peces ni del lago de piedras. Todo es un lago.

Suelo explicar este concepto usando la metáfora de la sopa energética. Imaginad un cuenco con sopa: caldo con cosas dentro, lo que más os guste. Observad bien la sopa: veréis que básicamente es un caldo pero en cuyo interior flota una cierta cantidad de fideos o granitos, o arroz, que están tanto en la superficie como dentro del caldo. Tanto el caldo como la energía fluyen. Las diferentes partes del caldo, tanto líquidas como sólidas, están suspendidas bajo unas reglas que les permiten funcionar como una unidad. De hecho, si pretendiéramos separar sus distintas partes lo tendríamos complicado, sobre todo cuanto más pequeñas se hacen. Quedarnos sólo con el agua original sería imposible, ya que la entropía (es decir, dificultad de ordenar un conjunto desordenado) crece cuanto más integrado está el elemento en su contenedor. Con la energía pasa lo mismo: cuando más sutil es esta energía, más difícil o imposible resulta diferenciarla del resto de energías. Por eso podemos distinguir la materia de otras energías, porque es lo suficientemente densa y poco sutil como para poder experimentar sus sensaciones. Así, podemos separar los fideos y el arroz del caldo, pero no dejan de ser parte de la sopa igualmente. Si consiguieramos introducirnos dentro de la sopa, nos daríamos cuenta de que no podemos distinguir nada diferente en su interior. Todo parece igual y nada cambia, todo fluye. La sopa es, en si misma, una especie de pequeño Cosmos líquido.

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Escribo este artículo como contestación al artículo del Blog de Mino, “El VIH ¡no existe!“, que no sólo comparto sino que además refrendo. No he querido escribir todo esto en el propio artículo porque iba a ocupar casi tanto como el propio post y me parece un poco irreverente para con el anfitrión del citado blog. El único problema que le veo a este artículo es que, por desgracia, no dice lo que es realmente el SIDA.

Más allá del miedo, el mercadeo con la muerte, los pingües beneficios y toda una suerte de extravagancias a las que hemos sido sometidos desde entonces (aquello del intercambio de saliva en los besos, que tiempos…), lo que realmente es el SIDA es CONTROL. Ha sido uno de los últimos mecanismos erigidos por la élite para lograr el control sobre todos nosotros de tal forma que no sólo ha conseguido el poder sobre nuestra conciencia, nuestra personalidad, nuestro comportamiento y nuestra vida en si misma, sino que además nosotros se lo hemos permitido de tal forma que, lamentablemente, ahora ya va a ser francamente difícil de erradicar de nuestra cultura.

Imagínense a las millones de personas, sólo en el primer mundo, que han caído en la trampa. ¡Y sin pruebas! Lo más alucinante de todo es que simplemente decidimos confiar en lo que nos dice un extraño (el médico), y ni siquiera razonamos de forma crítica lo que nos dice. Sólo obedecemos. Hemos delegado la responsabilidad sobre nosotros mismos hasta el punto en que ni siquiera nos cuestionamos lo que recibimos de las “autoridades”. Somos una raza aún demasiado joven para entender que no sólo somos capaces de ser responsables de nosotros mismos, sino de que debemos hacerlo. Nos llega alguien un día y nos dice: “tienes SIDA”. Sólo nos enseña un test que supuestamente demuestra que así es, tenemos esa enfermedad. No nos paramos a pensar un momento sobre qué significa tal cosa. No investigamos. No decidimos comprender exactamente en toda su dimensión qué significa esa expresión y su alcance. Simplemente nos entra un acojone supino y ahí nos quedamos, patidifusos. Como si nos dijeran que tenemos un cáncer (enfermedad real pero también parte de la gran mentira médica de nuestro tiempo. Así, se ha conseguido no sólo arruinar literalmente millones de vidas (maldita eugenesia), sino que otros miles de millones viven literalmente en el miedo. Pero nadie nos dice porqué. Sólo se nos dice que no es verdad, que no debemos tener miedo. Y es cierto. Pero por muchas pruebas en contra que se quieran presentar, no presentamos la razón real de esta conspiración. Esto es lo que quiero desarrollar en este artículo.

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Extraños energéticos

Os dejo este vídeo que me ha llamado mucho la atención. Es una aproximación bastante interesante al tema de quienes somos y nuestra integración con el cosmos. Nosotros somos seres de energía infinita, integrados en el sistema energético cósmico. Ahora bien, cada uno de nosotros, debido al “EGO”, nos consideramos como entes independientes y tenemos perspectivas diferentes acerca del mundo, de forma que hemos llegado a creer que existen múltiples realidades cuando en realidad todas ellas son la misma, sólo que vista desde distintos ángulos. Este pequeño texto nos habla de que nosotros somos básicamente lo mismo encarnados en esta tercera dimensión como un sistema tridimensional sin mayor perspectiva… Mientras sigamos en esta dimensión. Los niveles de conciencia no son meramente “pisos” de un elevado bloque de apartamentos cósmico que tenemos que ir superando a cada paso. Cada nivel de conciencia es alcanzado cuando hemos acumulado y comprendido el suficiente conocimiento sobre nosotros mismos y el cosmos como para alcanzar ese nivel. Aquellos que se den cuenta de que somos espíritus de energía encarnados en cuerpos físicos para investigar y desarrollar nuestra conciencia y elevarla a mayores niveles tendrán la posibilidad de hacerlo. Si no, los que decidan obviar la realidad, se quedarán en ella permanentemente, en una especie de “infierno” personal del que sólo podrán salir si deciden abandonar la ignorancia y abrazar el conocimiento universal.

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