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Un mandala también es una buena forma de fijar nuestra concentración en la meditación.

No, no he abandonado esta serie sobre la meditación, pero digamos que andaba en Babia y ya he vuelto… (por cierto, los que no conozcan el significado de esta expresión, les invito a investigarlo, porque como mínimo se relajarán un poco con las andanzas de nuestros reyes medievales…).

La concentración es, sin duda, el punto que buscamos tras relajarnos. No puede haber concentración sin relajación. Intentar concentrarnos en una tarea cuando estamos nerviosos, estresados, cansados o fatigados es absurdo, ya que no lo lograremos nunca en el medida que necesitamos. Pero cuando hablo de concentración, no hablo de estar en un estado de absoluta fijación con un asunto concreto, lo que de hecho rompería la paz y tranquilidad que necesitamos para meditar. De hecho, para entender la concentración en la meditación necesitamos “desaprender” (palabra tan de moda ahora) lo que entendemos por concentración.

Tras haber llegado al estado de relajación que hemos descrito en artículos anteriores, podemos pasar al estado de concentración. Este estado, que no es una alteración del estado normal si no algo buscado por nosotros, es la forma de concretar un pensamiento en nuestra mente sin esfuerzo por nuestra parte. De hecho, intentar la meditación obligándonos a reflexionar sobre un tema concreto sólo nos conducirá al desastre. La concentración a la que hago referencia está ligada a nuestro natural fluir de ideas y pensamientos. Cuando pasamos al estado de concentración, debemos concentrarnos en nuestra mente, no en nuestro cuerpo como hicimos en la relajación. Para entendernos: concentrarnos es pasar a “mirar” nuestra mente.

Y digo mirar porque tenemos que aprender a distinguir bien entre “ver” e “imaginar”. Es fácil no darse cuenta, cuando se intenta la meditación, comenzar a pensar en cosas de nuestra vida cotidiana. Estamos constantemente inmersos en un montón de pensamientos distintos sobre las cosas que nos pasan, las preocupaciones, las alegrías, las penas… Cuando eso pasa, estamos imponiendo barreras importantes a la meditación, porque la misión de la meditación no es pensar, sino precisamente todo lo contrario: no-pensar. Alguno dirá que entonces es absurdo concentrarse, pero antes al contrario, la concentración es esencial para poder no-pensar. Es lo que popularmente se llama “dejar la mente en blanco”. Los primerizos sobre todo han de hacer un esfuerzo consciente bastante importante para eliminar esos pensamientos cotidianos de su meditación, porque todavía no han aprendidos a despejar completamente de ideas su mente. Para ello, debemos concentrarnos precisamente en no pensar, en no escuchar ninguna idea sobrevenida, en vaciar completamente nuestro interior para, entonces, poco a poco, dejar que empiecen a pasar cosas. La mayoría de la gente nunca llega a este punto y por tanto, considera que la meditación es una idiotez y una pérdida de tiempo, pero cuando se consigue el objetivo del vacío mental, entonces empiezan a pasar cosas maravillosas. Y es entonces cuando llega el siguiente momento de la meditación, que es captar una de esas ideas y desarrollarla, ver como fluye, y comprender su significado. Es lo que voy a tratar de explicar a continuación.

Antes hacía referencia a imaginar como la exaltación de pensamientos sobrevenidos de nuestra vida cotidiana. Eso es exactamente lo que hacemos, inconscientemente: imaginar. Nos viene la imagen de nuestra familia, el coche, la casa, el trabajo, los amigos, y nos regodeamos, sin darnos cuenta, con ello. Gran error. Esas imágenes y pensamientos son creados por nuestra mente inconsciente constantemente, pero es “ruido” que tenemos que eliminar de nuestro proceso mental, hasta dejar todo en total quietud. Entonces, podemos pasar a “ver”. Generalmente, el periodo entre relajación y concentración está supeditado a uno que podríamos llamar de “auto-contemplación”. En ese momento, vemos nuestro interior de forma más o menos nítida. Vemos lo que hacemos o dejamos de hacer, lo pensamos de nosotros mismos y de otros, y eso asusta a mucha gente, que no se siente capaz de aceptar esa realidad. Eso, de hecho, suele llevar a que esas personas abandonen la meditación, porque ir más allá puede ser muy doloroso. Pero eso es debido a que no han superado ese primer momento de apabullamiento de pensamientos que no controlamos. Para realizar un vacío efectivo, es bueno concentrarse en un pensamiento concreto, una idea cualquiera que sobrevenga. Debemos concentrarnos en ella de forma que todo el resto debe desaparecer, de forma y manera que será la única idea posible en nuestra mente. No hace falta siquiera que la desarrollemos. Sólo tomemos el esfuerzo de eliminar el resto de pensamientos y quedarnos exclusivamente con ese que hemos elegido. Sabremos que lo habremos conseguido si podemos dejar de pensar en esa idea y las demás no sobrevienen de nuevo. Es posible que cueste un poco, pero con la práctica se termina consiguiendo, y no necesariamente en mucho tiempo. Habremos logrado nuestro objetivo cuando, tras varios intentos, podamos dejar de pensar en esa idea y podamos estar varios minutos sin pensar absolutamente en nada. Vacío total. Es entonces cuando empieza “la magia”, que diría una que yo me sé… Cuando estamos preparados y plenamente concentrados en nuestro vacío, comenzarán a suceder múltiples cosas, aunque me gustaría dejar este punto para otro día ya que quiero desarrollarlo con tranquilidad dado que todos y cada uno de nosotros experimentaremos la meditación de una forma diferente. Cuando hayamos logrado suficiente nivel, seremos capaces de hacer otras cosas, como meditar sin esfuerzo (es perfectamente posible entrar en modo de meditación en un minuto, e incluso meditar sin realizar ningún estado previo), y pasar a otros ámbitos como la meditación trascendental, que nos permite por sanarnos y llevar una vida saludable con la meditación. Pero paso a paso y poco a poco, que todo junto atraganta…

Una indignada, como lo estamos la mayoría (aunque incluso indignarse hay que hacerlo más relajado…):

Pero es que la ira y el enfado acortan la vida, y para relajar de tanta mala leche y estrés, aquí tenéis una versión especial del himno de la alegría de la 9ª de Beethoven, en una frecuencia de afinación distinta, más parecida a la usada en su versión original, alejado de las afinaciones actuales que, según los expertos al menos, son un horror:

Y para rematarla, un momento de relajación y concentración (que puede ayudar a vuestra meditación) con la frecuencia 432, la que se usaba antes para afinar la nota LA, siendo que ahora se usa la 440 (que también según los expertos es una aberración). No diréis que no hay variedad en la Revolución Interior…

La relajación II

Mapa de meridianos y canales de energía humanos

En el anterior artículo apuntaba una forma de relajación que es tremendamente útil y no requiere grandes esfuerzos mentales, al contrario de lo que suele pasar con la mayoría de los sistemas de relajación, que suelen requerir, como mínimo, grandes dosis de imaginación y por los que mucha gente suele fracasar. Además, esta forma de relajación inicia en la gestión de energía interna (cosa que el resto de procedimientos no hace u obvia de forma atroz), lo que aporta nuevas posibilidades vitales a la persona que lo practica. En este artículo quiero profundizar en detalles que quedaron un poco en el aire en el anterior artículo y que posiblemente podrán haber generado dudas en algunos lectores.

Habitualmente necesitamos relajarnos porque estamos muy tensos, y hay que comprender de donde viene esa tensión. Muchas veces, esa tensión incluso genera “durezas” que son perceptibles de forma táctil en la piel porque de hecho ha conseguido que el músculo se contraiga tanto que parezca una bola. Aquí hay que explicar algunas cosas para entender algunos conceptos que pasaron rápidamente en el artículo anterior.

Lo más importante que hay que comprender es que nuestro cuerpo físico es sólo la parte densa de nuestra entidad como tal. Como ya indicaba en el artículo anterior, junto con el cuerpo físico existe un cuerpo energético formado fundamentalmente por energía pránica que hace que el cuerpo funcione. Sin ese cuerpo energético, el cuerpo físico simplemente es un amasijo inerte de células. Esta relación tan íntima obviamente influye en todo el funcionamiento corporal, tanto para lo bueno como para lo malo. Cada parte del sistema general influye sobre el escalafón inmediatamente inferior, y eso implica que cualquier problema o fallo en el cuerpo energético influirá negativamente en el cuerpo físico, a todos los niveles. El cuerpo energético tiene a su vez un influenciador superior, la mente, que es el organizador general de todo lo que hay por debajo. Si hay algún problema psicológico, este influirá negativamente en el cuerpo energético y este a su vez en el físico. Entendiendo esto debidamente, nos podemos hacer una idea de porqué nuestros problemas personales, sociales, familiares, etc., influyen tanto en nuestro organismo físico. Cualquier estrés (que siempre es mental), generará estrés energético y físico, y de esta manera podemos seguir la ruta inversa cuando tenemos tensión muscular no debida a un accidente: el músculo está tenso y contraído porque la energía se ha acumulado en ese punto, no fluyendo y no permitiendo que el resto de la canalización fluya adecuadamente, proviniendo este problema de un bloqueo mental que afecta (sin nosotros saberlo) a esa concentración energética que nos afecta. El dinero, el trabajo, la familia, el entorno social, las propias preocupaciones y auto-limitaciones, etc., son las causas principales del estrés, lo que genera que estemos todo el día tensos y preocupados.
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Forma correcta de respirar con los canales (en este ejemplo, usando Píngala)

Tras el artículo anterior referido a la respiración, me gustaría profundizar un poco más con algunos ejercicios y una introducción (muy básica) al Pranayama. Aprender a respirar es el primer paso: ahora hay que profundizar un poco más en algunos aspectos, sobre todo a la hora de interiorizar la respiración y convertirla en un mecanismo de relajación y concentración.

Lo primero es practicar algunos ejercicios de respiración profunda. Vamos a aprender a llevar “tiempos” de respiración. Cuando se respira, generalmente lo hacemos de forma “libre”, es decir, inspiramos y espiramos sin percatarnos, sin llevar un conteo y sin forzar. Pero aunque eso está bien para captar prana, no es lo único que podemos hacer con nuestro aire. Podemos “temporizar” la respiración para de esta manera marcar tiempos y conseguir una mayor concentración, que al fin y al cabo es lo que buscamos para poder meditar como es debido. Así que primero vamos a hacer los siguientes ejercicios, muy sencillos:

* Inspiramos durante X segundos (los contamos), y después espiramos durante la misma cantidad de segundos. Esto es lo que se llama relación 1 a 1. Realizando este ejercicio varias veces, conseguimos iniciar una relajación/concentración básica con la que empezar. Este ejercicio hay que realizarlo varias veces (al principio más veces, porque costará más, y después menos, para conseguir el mismo efecto), hasta que consigamos la sensación de relajación que andamos buscando.
* Inspiramos durante X segundos, y después espiramos durante el doble de segundos. Esta es una relación 1 a 2. No podemos invertir la relación, porque no es lo mismo dedicar un tiempo a inspirar y otro a espirar. La espiración supone un tiempo de trabajo donde estamos expulsando el aire viciado y sin prana útil (si estamos respirando bien, claro), con lo que controlar este paso es fundamental. Realizamos el ejercicio varias veces para alcanzar un estado de concentración más profundo.

Tras realizar estos dos ejercicios simples (al menos unas 5 veces cada uno), pasamos a los siguientes, que requieren más control mental:

* Inspiramos durante un número de segundos, retenemos la inspiración el mismo número de segundos y espiramos otra vez el mismo número de segundos. La retención nos ayuda a la concentración, ya que tenemos que realizar un esfuerzo consciente para retener el aire. Esta retención nos permite involucrarnos con nuestro yo interior: en esos segundos que retenemos, además de concentrarnos en la cuenta, debemos mirar introspectivamente dentro de nosotros mismos, y, con los ojos cerrados, sentir nuestro cuerpo desde dentro. Así, podemos sentir los latidos del corazón, la circulación sanguinea, y también como circula la energía alrededor de nuestros pulmones. Tras el conteo, espiramos relajadamente, con tranquilidad.
* Inspiramos durante X segundos, retenemos el mismo tiempo, expulsamos usando la relación de tiempo de la inspiración y ahora, haciendo un esfuerzo consciente, retenemos los mismos segundos con los pulmones vacíos. En este caso, el esfuerzo es mayor ya que a pulmones vacíos, al necesitarse prana, el cuerpo nos lo pide con urgencia, pero debemos aguantar. Tras terminar el conteo, dejamos entrar libremente el aire, pero sin fuerza, sin presión, dejando que entre con soltura. Esta retención es más esotérica que la anterior, porque en ese momento estamos luchando por vivir (aunque sea controladamente), ya que nos falta el prana, y notamos como el cuerpo lo requiere. Podemos interiorizar aún más con nuestro sistema parasimpático, el que hace que funcionen todas las cosas dentro del cuerpo sin que nos percatemos, como la misma respiración.

¿Cómo calculamos el número de segundos? Cada uno a su ritmo: algunos no pasarán de 5, otros llegarán incluso a 15, pero en cualquier caso, debemos usar las relaciones tal y como os indico, aunque por supuesto hay variaciones, incluso en las retenciones (podemos aplicar relaciones 1/2/1 en la primera retención, por ejemplo). A medida que cojáis experiencia, notaréis que aguantais más y que os cuesta menos cada vez.

Una ayuda para realizar estos ejercicios es usar los brazos. Al levantarlos (o en horizontal, al estirarlos detrás de la cabeza), ayudáis a que la parte costal y alta se expandan más y entre más aire, aparte de que os sorprenderéis de escuchar sonidos nunca oídos antes al expandir el tórax… Después dejais caer las manos por delante del rostro despacio, sin prisa. Conseguiréis una mayor relajación de esta manera. Otro truco en las retenciones es imaginar que expandís o contraeis el abdomen y el torax (al inspirar y espirar respectivamente). Este truco os permitirá aguantar más de lo que esperaríais sin usarlo.

Y ahora pasamos a unos ejercicios pranayama básicos que os ayudarán cuando estéis consiguiendo la concentración para la meditación. el pranayama son una serie de procedimientos respiratorios para la adquisición de todo el prana posible y para aprender a respirar lo más correctamente posible, además de alcanzar mayores estadios de concentración. Propiamente dicho, se trata de yoga respiratorio.

El primero consiste en la respiración alterna. Sobre todo al principio, será bueno que os ayudéis con la ayuda de la mano derecha. Poned vuestra mano derecha delante de la nariz y taparos los dos orificios nasales. Después, abris el derecho, y inspirais profundamente por él. Después lo tapais y abris el izquierdo, espirando a través de él. Este ejercicio hay que hacerlo al menos cinco veces, y después cambiamos, a la inversa: espiramos con el izquierdo y espiramos con el derecho. Durante este ejercicio, tenéis que prestar especial atención al recorrido que realiza la respiración desde que entra, hasta que llena los pulmones, hasta que sale de ellos y del orificio contrario. Seguid con la mente el recorrido, y las sensaciones que vivís al notar su paso. Este ejercicio se suele combinar con los chakras, pero eso requiere una explicación más profunda para otro artículo. Como información añadida, sabed que cada lado de la nariz representa un nadi, es decir, un canal energético (semejantes a los meridianos chinos). El orificio izquierdo representa a ida (la energía femenina) y el derecho a píngala (la energía masculina). Las respiraciones en todo caso deben realizarse sin ruido, como dijimos.

El segundo es el Kapalabhati, que es muy sencillo y que, como notaréis al practicarlo, os llenará de energía. Cuando andéis faltos de energía en un momento dado, podéis hacer Kapalabhati, y os recuperaréis casi al momento (tal es el poder del prana o energía vital). Consiste simplemente en respiraciones rítimicas y sucesivas. Comenzáis a pulmones vacíos. Llenais el abdomen, y llegando a un cierto punto (puede ser distinto para cada uno), lo espirais forzadamente, en un golpe de abdomen hacia dentro, sacando todo el aire que podáis fuera. Después, hay que volver a recoger aire rápidamente, y volvemos a hacer la misma operación, espirando rápido y fuerte. Esto lo hacemos durante al menos 15 repeticiones al principio, pero a medida que nos vayamos acostumbrando, llegaremos a 25, 35, etc… Notaréis como brota la energía en vuestro interior. Si eso se combina con la contracción del chakra Muladhara (el básico, situado bajo el perineo), la obtención de energía es aún mayor. Se puede también contraer el chakra Visuddha (el de la garganta), evitáis que la energía escape, obteniendo un mayor rendimiento.

Estos son algunos ejercicios básicos que se pueden realizar de forma sencilla. A medida que se coje experiencia con ellos, se va profundizando en la relajación y la concentración, y cuanto más profundas son, más aprovecharemos la meditación para alcanzar otros estados de conciencia superiores. Esto, por supuesto, requiere tiempo y dedicación, pero los resultados son increíbles. Recordad siempre que en el mundo espiritual no hay teorías, sólo práctica.

La respiración

Podemos extender los brazos o elevarlos para ayudar a recoger más aire en la parte superior del tronco

Cómo dije en el primer artículo, ahora me gustaría comentar un poco sobre la respiración, que por supuesto es fundamental para la meditación, pero que realmente lo es para toda nuestra vida. Dicen los yoguis hindús que nacemos con un número de respiraciones y que cuando se terminan, morimos. Tal vez no sea estrictamente así, pero lo que nos vienen a decir es que la respiración es fundamental para la vida. Bueno, realmente una forma directa de comprobarlo es contener la respiración. Antes o después tenemos que volver a coger aliento porque si no el cuerpo no puede funcionar (y nos avisa con el ahogamiento).

Lo primero que tenemos que comprender es que en el aire no sólo hay oxígeno, hidrógeno, vapor de agua, etc…, sino también otro elemento que no es químico: el prana. El prana es la energía vital (los chinos lo llaman Chi, los japoneses Ki, pneuma los antiguos griegos, y así en la mayoría de las culturas que vienen de antiguo). La energía vital está en el aire, el agua, los seres vivos, y es lo que usamos para vivir. Realmente, nuestro cuerpo no consume simplemente energía de otros seres vivos, sino que consume su prana. Pero es posible vivir sólo del aire, adquiriendo el prana por la respiración. De hecho es posible hacer ayuno durante días sin sentir apenas hambre practicando adecuadamente la respiración pránica o pranayama. El pranayama consiste, básicamente, en respirar bien por medio de ejercicios que nos permiten aprovechar al máximo la respiración.

Naturalmente, la mayoría de nosotros no va a llegar tan lejos (aunque como se ha sabido por noticias desde Asia, se han encontrado personas que lo han conseguido). Pero si podemos aprender a respirar bien, podemos aprovecharlo para vivir mejor y tener salud, además, lógicamente, para meditar. Lo que os voy a indicar a continuación son unos ejercicios básicos de respiración para respirar correctamente. La mayoría de nosotros respiramos bastante mal, y lo hacemos porque realmente no nos queda más remedio. Si entendemos que la respiración no es sólo no ahogarse, sino que representa nuestro “hálito de vida”, seremos conscientes de su importancia y lo practicaremos seguros de que nos beneficia y nos permite alcanzar otras posibilidades.

Lo primero de todo es respirar bien. Generalmente la mayoría de nosotros practicamos una respiración costal y alta (a la altura de la clavícula), pero con eso estamos desaprovechando la mitad de la posible respiración que podemos practicar. En la respiración hay realmente tres fases:

* La respiración abdominal: es la que menos practicamos, pero sobre todo lo hacemos los hombres. Se trata de respirar con el abdomen, es decir la parte baja de los pulmones. Resulta que es la zona más amplia de los mismos, y la que puede acoger más aire. Es la zona con la que debemos respirar si queremos relajarnos y concentrarnos más a fondo. Las mujeres, por su constitución, están más acostumbradas a respirar con las partes costal y alta, con lo que generalmente no suelen usar el abdomen (algunas teorías indican que es por la capacidad reproductiva femenina, que ha creado la necesidad de respirar con la parte superior del torax para dejar espacio al feto durante el embarazo, pero es sólo una teoría). En cualquier caso, y exceptuando esa posible teoría del embarazo, si la mujer no se encuentra en estado le es posible también respirar con el abdomen, lo que es muy recomendable hacer.

* La respiración costal: es la que realizamos más habitualmente. Recoge menos aire que el abdomen y requiere más esfuerzo para ser llevada a cabo.

* La respiración alta: muchas mujeres sólo respiran así. Se trata de coger aire y llenar la parte alta de los pulmones, a la altura de la clavícula. Es la forma menos eficiente de coger aire y la que cuesta más esfuerzo energético.

Aunque hay que entrenar un poco, la mejor forma de respirar en general es la siguiente:

* Cogemos aire y llenamos el abdomen, hichándolo lo más posible (hay que intentar, si se puede, hacer el menor ruido posible al respirar; si hacemos ruido es porque tenemos algún problema respiratorio), pero por supuesto sin hacer daño. Podemos notar como se llena el abdomen poniendo las manos sobre él un poco juntas y notando como se separan al entrar el aire. En este paso no hemos llenado el tórax al coger aire.

* Seguimos cogiendo aire y llenamos el tórax a nivel costal. Podemos notarlo poniendo las manos sobre las costillas y notando como se separan al coger el aire.

* Por último, llenamos la parte superior del torax, hinchando la clavícula y el esternón.

Esto, lógicamente, es sólo la primera parte. Lo siguiente es soltar el aire, para lo cual empezamos a soltar el aire según lo hemos cogido: primero de la clavícula, después del torax y por último del abdomen. Es muy conveniente expulsar todo el aire posible, ya que cuando se queda dentro aire, después tenemos que hacer más esfuerzo para coger el siguiente aliento. De hecho, los yoguis recomiendan primero vaciar completamente los pulmones y entonces tomar el primer aliento. Si hacemos este ejercicio continuadamente, por ejemplo en ciclos de 10 respiraciones, pronto acostumbraremos a nuestro sistema respiratorio a funcionar de forma eficiente. Podemos ayudarnos con los brazos: al inspirar los elevamos y ayudamos a hacer espacio en la caja torácica, y al espirar los bajamos, ayudando a expulsarlo. También es conveniente hacerlo lo más despacio posible, y hay ejercicios alternativos como mantener la respiración tanto al inspirar como al espirar, de manera que la oxigenación sea completa.

La correcta oxigenación es fundamental para que el cuerpo funcione correctamente, incluso para enfermedades como el cáncer, ya que se ha demostrado que se pueden evitar o reducir si la sangre está bien oxigenada. Para el metabolismo también es fundamental la correcta oxigenación de la sangre, ya que el oxígeno es lo que se utiliza para liberar el prana de las sustancias como los hidratos y las grasas (además del propio prana que contiene el aire). Pero además, su efecto es fundamental para la relajación y la concentración necesarias para la meditación. Si los órganos, especialmente los músculos, no se oxigenan adecuadamente, estarán en tensión y rígidos, con lo que la relajación es imposible, y por lo tanto la concentración necesarias para poder alcanzar otros niveles de consciencia (en otras palabras, la meditación se hace imposible).

En otro artículo comentaré algunas técnicas de respiración pranayama, como Kapalabhati, que consiste en la repetición rítmica y rápida de sucesivas inspiraciones y espiraciones, y que proporciona gran cantidad de energía realizado adecuadamente. Otro ejercicio que no es puramente respiratorio, sino de yoga (lo que muchas veces no tiene casi diferencia) es Uddiyana Bandha, que consiste en un ejercicio con el que se masajean los órganos internos y se puede pueden conseguir grandes efectos a nivel energético. Los yoguis lo incluyen dentro de los llamados “ásanas esotéricos”, ya que pueden ayudar mucho a alcanzar los niveles de concentración necesarios en la meditación.

Esto es sólo una introducción, y como todo en esta vida, hay que practicarlo. Cuando hagamos la primera sesión, debemos realizar algunos ejercicios respiratorios para ayudar a la relajación (en el próximo artículo veremos pranayama y después técnicas de relajación). Naturalmente esto no se consigue en una sesión, y de hecho, si queremos vivir más y mejor, debemos aprender a respirar adecuadamente. Espero que estas indicaciones os puedan ayudar a conseguirlo.

Postura correcta de meditación

Este es un texto inicial, especialmente para la gente que no ha practicado o tiene muy poca experiencia (vamos, lo normal: lo han intentado un par de veces y han pensado que era más entretenido ver los deportes de Cuatro…). La meditación no es un entretenimiento, ni una pérdida de tiempo, pero para verlo en toda su dimensión, primero hay que entender lo que es.

No quiero tampoco dar una definición exhaustiva, porque probablemente no sabría como definirlo exactamente. Pero básicamente podemos decir que la meditación, dicho de una manera muy simple y sencilla, es aprender a no pensar. Mi profesora de yoga me ha enseñado dos cosas sobre todo: hacer las cosas con sensibilidad, no con esfuerzo, y que hay que ver el mundo observando, no pensando. Pensar es considerado, generalmente, una bendición en el mundo en que vivimos. Y no es algo malo. El problema es que pensamos demasiado y cuando no debemos hacerlo. Aunque yo ahora mismo de la impresión de estar reflexionando mucho sobre lo que escribo, no es así. Intento que simplemente las palabras salgan, sin pensar cada una de ellas. Pero es difícil, por supuesto. Yo además he sido, como muchos de vosotros, un racionalista que sólo ha visto el mundo desde el lado izquierdo del cerebro, y la razón y la lógica nos han apartado de un montón de cosas increíbles que no funcionan de esa manera.

Por supuesto, al principio me acerqué a la meditación con resquemor, porque aunque sabía de ello, no sabía como hacerlo. Y claro, lo hacía del modo erróneo: me dedicaba a pensar en cosas, y veía que no llegaba a ningún sitio. Terminaba pensando que todo era una pérdida de tiempo, pero insistí porque sabía que era lo correcto, aunque no sabía hacerlo bien. Mi profesora de yoga me dijo que tenía que intentar, precisamente, NO PENSAR. Ni en cosas buenas ni en cosas malas. Simplemente no pensar. Por supuesto, hay técnicas y formas de hacerlo, y no me quiero meter aquí en eso porque aunque nos pusiéramos a contar formas y maneras de hacerlo, los que no habéis empezado con ello os perderíais más que un pulpo en un garaje, y no es la intención de esta introducción. Eso es algo que hay que practicarlo, hay que verlo por uno mismo.

Para empezar, los puntos fundamentales son la relajación, la respiración y la concentración. Estas son las tres cosas que debemos practicar primero antes de intentar meternos a meditar propiamente dicho. También os voy a hacer una indicaciones sobre la forma idea de ponerse a hacerlo de una forma cómoda.

Lo primero, si vais a meditar en grupo, es la vestimenta. No llevéis vaqueros, ropa ajustada o cualquier otra vestimenta que os pueda limitar o romper la concentración mientra meditáis. Lo ideal es llevar ropa muy suelta, a ser posible de tejidos naturales, pero si no es posible, por lo menos que lleve un cierto porcentaje de tejido natural. Si no tenéis acceso a un kimono (de cualquier arte marcial, pero que sea blanco) o ropa de yoga (generalmente ropa blanca de algodón, lana o lino, aunque es preferible el tejido vegetal), podéis usar un chándal, aunque os recomiendo vivamente usar alguna de las vestimentas anteriores. ¿Por qué ropa blanca? Es el color de la luz, y a estas alturas creo que probablemente ya sabréis que todo, hasta los detalles más insignificantes, influyen y alteran nuestra vida y nuestra percepción. En cuanto a los tejidos, los naturales (especialmente los vegetales) son los más adecuados ya que provienen de la naturaleza, y alteran menos los chakras y nuestra percepción interior. Los chakras, como sabéis, son importantes para esto, y su despertar (el despertar de la kundalini, la serpiente de energía) es básico para poder alcanzar otros estados y niveles de conciencia. También necesitaréis una toalla, a ser posible con las mismas características de la ropa: blanca y de tejido natural, aunque si no es posible, podéis usar alguna otra que no tenga que cumplir necesariamente todas las características. La meditación se puede hacer en el suelo o en una silla, sentados o tumbados. Mi recomendación para los que empiezan es que se empiece tumbado, sobre todo para iniciarse en la relajación y puesta en práctica de la meditación como tal, pero luego pasaríamos a hacerlo sentados en el suelo. Los que tengan problemas de espalda podrán seguir haciéndolo recostados en el suelo o con un cojín que los eleve del suelo, pero los que no, es recomendable que se haga directamente en el suelo.

La relajación es el primer punto importante para practicar la meditación. Si no estamos relajados, si nuestro cuerpo se halla en tensión y bloqueado, no podemos meditar de ninguna forma. Los que llevan tiempo haciéndolo se pueden relajar prácticamente hasta en el metro, pero para el que se inicia en esto puede resultar un poco costoso al principio. Cada uno debe encontrar su propia forma de relajarse de forma eficiente. Existen distintas formas de conseguirlo, pero no deja de ser una experiencia puramente subjetiva y cada individuo lo consigue de forma diferente. Lo veremos en un próximo artículo.

Otro punto fundamental es la respiración. Ahora no me voy a meter mucho con ello porque quiero reservarlo para otro artículo, pero la respiración es un punto esencial y fundamental de la meditación. En realidad, es fundamental para todo en la vida, sólo que no le damos ninguna importancia. En el artículo hablaré de algunas técnicas de respiración pranayama, pero hasta que no las practiquéis no lo veréis en toda su dimensión.

Y por último, la concentración. Esto parece contradictorio con lo que he dicho de no pensar, pero ese es otro error común. Concentrarse no significa pensar, sino recogerse en uno mismo y realizar la auto-contemplación. Concentrarse significa aislarse del mundo exterior y observar dentro de uno mismo. Cuando mi profesora me decía “observar, no pensar”, no se refería sólo al mundo exterior, sino al interior. El mundo interior es extremadamente rico, sólo que no nos paramos ni un momento a observarlo, y cuando nos concentramos, en vez de dedicarnos meramente a la auto-observación, nos dedicamos a pensar en cosas, con lo que estamos derrochando energía inútilmente. Esta es, por supuesto, la parte más difícil para el neófito. Tenemos que paralizar nuestro diálogo interior para dedicarnos simplemente a la mera observación de nuestro espíritu. Desde un punto de vista racional, esto no parece tener sentido, pero precisamente es que no queremos ser racionales cuando meditamos. Debemos despertar nuestro lado intuitivo (femenino) para comenzar a sentir cosas, sin la limitación del pensamiento y la lógica. Y descubriremos un mundo totalmente diferente. Pero es que además, es totalmente imprescindible si queremos alcanzar otros niveles de conciencia superiores, cosa que es imposible si usamos el lado izquierdo de la mente.

Estas han sido unas notas iniciales, especialmente para la gente que no hay practicado o tiene poca experiencia. Invito a los que tienen más experiencia a dejar sus apreciaciones y notas particulares, aunque siempre teniendo en cuenta que algunas personas no tienen porque comprender determinados aspectos más complejos de la cuestión. En otro artículo hablaré de la respiración y las técnicas que se pueden usar, tanto para la relajación como para la concentración.

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