Tag Archive: esoterismo


Mario Conde y las noches blancas

Sorprendente y poco habitual entrevista de Sánchez-Dragó a Mario Conde, donde este último se abre como una flor mostrando su alma. Podrán tenerse muchas opiniones sobre el personaje, a favor y en contra, pero que, como resulta evidente en este diálogo (como hacía ya tiempo que no veía en TV), es alguien con una riqueza interior y un conocimiento de lo místico y lo esotérico envidiable para la mayoría… Disfrutad sus palabras, aunque confundan…

(Probablemente una de las mejores frases de la entrevista sea esa que dice que el gerundio es el tiempo verbal que no tiene principio ni fin… Seamos pues, gerundios…).

El templo interior

Existen dos tradiciones mistéricas principales: la exotérica, que es básicamente la que proporcionan las religiones a sus fieles para la práctica diaria, y la esotérica, que es la practicada a nivel interno por los iniciados en los misterios de las religiones o de las principales filosofías en todo el mundo. La diferencia fundamental entre las dos es, como su nombre indica, la perspectiva que toma: la exotérica mira hacia fuera, realiza todos sus ritos públicamente y de forma materialista, dependiendo estos ritos siempre de unos sacerdotes y unos practicantes que se somenten a una dura disciplina mental que, en general, suele estar bastante vacía de contenido; la esotérica es interna, busca la realización interior por medio de ritos secretos y privados (lo que no significa que sean extraños o peligrosos, sino que no son compartidos con la mayoría de los mortales), orientados fundamentalmente a dos objetivos básicos: la superación espiritual en el mundo terrenal y la superación espiritual en otros planos de existencia. Naturalmente, esa superación puede ser de tipo positivo (basada en el amor) o de tipo negativo (basada en el miedo), y todo depende de la orientación que desee el sujeto en cuestión.

Pero la diferencia entre los dos también radica en el templo, es decir, el lugar donde se desarrollan los ritos y acciones religiosas o espirituales. Los ritos exotéricos se practican en el templo físico, normalmente un edificio o un lugar específicamente orientado a la realización de esos ritos, de forma que todos los fieles se entregan en ese templo a la realización de esos ritos de forma única y exclusiva, aunque dependiendo de las tradiciones religiosas y los tiempos, estos pueden variar en el emplazamiento. Hasta un campo puede servir de templo. Pero ante todo, es algo separado de nosotros, que se encuentra en un plano físico distinto del nuestro. Los ritos esotéricos, sin embargo, se desarrollan siempre en el templo interior, que somos nosotros. Básicamente, lo que significa el término “templo interior” es nuestro cuerpo, y los otros cuerpos sutiles, donde reside el espíritu. De ese templo quiero hablar en este artículo.

Generalmente damos poca importancia al cuerpo, o al contrario, damos demasiada relevancia a nuestra plano físico. Muchos exégetas o seguidores de algún camino espiritual suelen despreciar el cuerpo físico incluso hasta límites del aborrecimiento, dándole una importancia nimia e incluso exagerando la importancia de desprenderse de él. Otros, sin embargo, deciden todo lo contrario: el cuerpo se convierte en el centro de la existencia, y su belleza, cuidado y atención son las acciones fundamentales alrededor de las cuales gira la vida de la persona. Es lo más importante y como tal, debe ser antepuesto a cualquier otra consideración. En medio, la masa suele oscilar entre una posición u otra hasta llegar al ominoso punto medio, aquel en el cual ni fu ni fa, ni tiene relevancia ni se la quitan. Simplemente no le dan ninguna.

Estas tres perspectivas son, desde mi punto de vista, totalmente erróneas. Unos por exceso y otros por defecto, y el resto por no aportar ninguna claridad de ideas al respecto. El cuerpo físico es, sin duda, prescindible desde el punto de vista espiritual, pero los que lo desprecian no tienen en consideración un hecho fundamental: vivimos en él. Es nuestro “templo”, donde residimos como entes divinos, y despreciarlo o incluso no atenderlo es signo de dejadez espiritual. No podemos vivir en una casa sucia, maloliente y que se cae a trozos, ¿verdad? Pues, ¿por qué lo hacemos con nuestro cuerpo? Debemos cuidarlo y sanearlo de forma habitual, evitar que sufra e intentar consolidar nuestra esencia en su interior durante el periodo de uso que le damos. Sí, el cuerpo es un medio, en el que existimos durante un corto periodo de tiempo, pero es el medio que usamos para ello, y no debemos desdeñarlo con ligereza.

Como acabo de decir, es un medio, no un fin. Las personas materialistas ven en el cuerpo el único objetivo de la existencia. Vivimos y morimos en él y después ya no hay nada más. La única existencia válida es la que realizamos en este instante, y cualquier otra consideración está fuera de lugar. Para los que hemos experimentado el conocimiento interior, esto no es válido. Si toda nuestra vida la dedicamos única y exclusivamente a perfeccionar nuestro lado físico y material y desdeñamos completamente el lado interior y espiritual, estamos cometiendo un error mayúsculo. Porque tras la muerte, que no es más que la liberación de las ataduras energéticas con nuestro cuerpo, continua la existencia, y si no nos hemos desarrollado espiritualmente, deberemos volver a experimentar tanto las cosas buenas como las malas de nuestra existencia anterior, de las cuales no hemos aprendido nada. La evolución espiritual sirve para alcanzar mayores cotas de desarrollo interno, y si no lo hacemos, simplemente hemos desperdiciado el tiempo de existencia, que por otro lado es infinito.

El templo interior es todo lo que somos, aunque no lo veamos. No es sólo el cuerpo físico, sino también el energético y el mental (también llamado emocional por algunos autores), aunque de estos me ocuparé más adelante de forma más específica. Ante todo, lo que quiero transmitir en este artículo es que ni somos sólo un cuerpo ni somos sólo un espíritu: somos un espíritu en un cuerpo, y de la adecuada fusión de ambos elementos podremos obtener una vida más feliz, poderosa y evolucionada. Sólo ambas cosas pueden proporcionarnos lo que necesitamos para elevar nuestro desarrollo personal a cotas mayores en todos los sentidos.

En el anterior archivo realizaba una introducción general al Cosmos como supra-entidad autocomprensiva de toda la realidad. Enumeré también las clásicas leyes herméticas o cósmicas, en tanto que reglas de funcionamiento del Cosmos y de todo lo que contiene. La primera de esas leyes es la de la mente universal, que además, tiene un doble significado: informa sobre la inteligencia del cosmos, y al tiempo, sobre la unicidad. Todo es Uno: el propio Cosmos.

En realidad, comprender el concepto de la unicidad es casi de cajón de madera de pino, que decimos en mi tierra natal. Si el Cosmos es todo lo que existe, necesariamente todo él y todo lo que contiene conforman una unidad en si misma. Si además tenemos en cuenta que el Cosmos per se es un agregado de energías, y esas energías en su fundamento son básicamente la misma, pero vibrando en frecuencias diferentes, entendemos mucho mejor el concepto de unidad. Imaginaros un lago enorme de agua. Toda ella está formada por una balsa enorme de líquido que además puede contener otros elementos, como peces y piedras. Pero llamamos lago a todo ello. No distinguimos el lago líquido del lago de peces ni del lago de piedras. Todo es un lago.

Suelo explicar este concepto usando la metáfora de la sopa energética. Imaginad un cuenco con sopa: caldo con cosas dentro, lo que más os guste. Observad bien la sopa: veréis que básicamente es un caldo pero en cuyo interior flota una cierta cantidad de fideos o granitos, o arroz, que están tanto en la superficie como dentro del caldo. Tanto el caldo como la energía fluyen. Las diferentes partes del caldo, tanto líquidas como sólidas, están suspendidas bajo unas reglas que les permiten funcionar como una unidad. De hecho, si pretendiéramos separar sus distintas partes lo tendríamos complicado, sobre todo cuanto más pequeñas se hacen. Quedarnos sólo con el agua original sería imposible, ya que la entropía (es decir, dificultad de ordenar un conjunto desordenado) crece cuanto más integrado está el elemento en su contenedor. Con la energía pasa lo mismo: cuando más sutil es esta energía, más difícil o imposible resulta diferenciarla del resto de energías. Por eso podemos distinguir la materia de otras energías, porque es lo suficientemente densa y poco sutil como para poder experimentar sus sensaciones. Así, podemos separar los fideos y el arroz del caldo, pero no dejan de ser parte de la sopa igualmente. Si consiguieramos introducirnos dentro de la sopa, nos daríamos cuenta de que no podemos distinguir nada diferente en su interior. Todo parece igual y nada cambia, todo fluye. La sopa es, en si misma, una especie de pequeño Cosmos líquido.

Sigue leyendo

Cosmos (desde la Wikipedia):

En su sentido más general un cosmos es un sistema ordenado o armonioso. Se origina del termino griego “κόσμος”, que significa orden u ornamentos, y es la antítesis del caos. Hoy la palabra se suele utilizar como sinónimo de universo (considerando el orden que éste posee). Las palabras cosméticos y cosmetología tienen el mismo origen. El estudio del cosmos (desde cualquier punto de vista) se llama cosmología. Cuando esta palabra se usa como término absoluto, significa todo lo que existe, incluyendo lo que se ha descubierto y lo que no.

Aunque no es propiamente una definición, contiene los elementos que necesito para el documento de hoy. Voy a intentar desmitificar el significado de Cosmos y lo que para nosotros significa realmente. Los propios griegos usaban este término para definir todo lo que existe y lo que no existe (es decir, lo no percibido por los sentidos). No es lo mismo que Universo, que en general representa el Cosmos conocido (percibido). Nosotros, de ahora en adelante usaremos siempre el término “Cosmos”, por ser el que mejor representa el sentir espiritual. Sigue leyendo

Con este artículo comienzo una serie de documentos orientados a explicar, de una forma clara, llana y sencilla, mis conocimientos espirituales, que como es lógico en alguien como yo que todavía está comenzando la andadura, son escasos y en ocasiones incorrectos (requiere de todos vosotros que si hay algo que corregir, no dude nadie en hacerlo sin dudarlo un momento). Lo que pretendo básicamente es recopilar, con el tiempo, todo este conocimiento para que quede impreso en la tinta electrónica de las pantallas internautas. Me doy cuenta de que es tal vez la mejor y única manera que tenemos que extender este conocimiento, y tal vez le ayude a alguien a empezar o avanzar en el camino.

Pero para ello, y dado que estos documentos van a tener una temática enormemente esotérica, he tomado la determinación de realizar una pequeña iniciación al esoterismo propiamente dicho. Este término, tan incomprendido a lo largo de los siglos, es de vital importancia para los que siguen el camino espiritual. Su propio significado ha terminado siendo tan esotérico como la propia palabra, y eso es algo que al menos voy a intentar remediar desde esta humilde tribuna. Espero tener éxito en la empresa.

Esotérico significa, sin ambages, “oculto” o “escondido”. Pero no oculto porque está escondido: está oculto porque lo han escondido. Esto parece una distinción nimia, pero no lo es: algo puede estar escondido porque accidentalmente ha quedado fuera de la vista (como en un alud), o puede estar oculto porque alguien lo ha escondido, y es precisamente esa intencionalidad lo que quiero aclarar y explicar adecuadamente. Lo que generalmente llamamos esotérico es en realidad conocimiento antiguo que se ha ocultado de nuestra vista de forma intencional para que no podamos hacer uso de esa información ni la podamos comprender. Se entiende así que la mayoría crea que se trata de algo oscuro y negativo: se ha influenciado a la humanidad para que así lo crea durante siglos, y claro, de esos trigos tenemos estas pajas.

Con la expresión “esotérico” se ha ocultado tanto lo espiritual como lo que en realidad es un poco más mundano. De hecho, el término ha degenerado tanto que ahora, algo simplemente extraño o raro es esotérico, una manipulación más de la lengua a la que cada día más nos tienen acostumbrados. Pero claro, este término también tiene una dualidad, como casi todo en esta vida: existe la paradoja de que cuando conoces algo esotérico, por arte de magia (otro término incomprendido del que me gustaría hablar en otro “archivo”)… ¡Deja de serlo! Obviamente, porque en el momento en que es conocido, deja de estar oculto, y por lo tanto, de ser esotérico. Así, cosas que yo hace un par de años creía que eran magia, ahora las aplico a mi vida diaria de forma habitual. Han dejado de ser ocultas para quedar a plena luz del día. Y vosotros también podéis hacerlo, porque estos conocimientos no son para unos pocos ni son para que los manejen algunos elegidos (bueno, eso es lo que pretenden ellos): pueden ser ejercitados por cualquiera de forma normal, como quien conduce o come un bocata. Esto, así dicho, puede parecer burdo, pero no es así: cuando incluimos estos conocimientos a nuestra vida diaria se convierten en algo tan normal y habitual como comer o dormir. Lo que antes creíamos mágico o sobrenatural, se convierte en el pan nuestro de cada día.

De lo que voy a hablar en estos “archivos” es de cosas netamente esotéricas en prácticamente el 100% de los casos. Pero voy a intentar hacerlo de forma comprensible, escalonada, para que a nadie le pille a desmano. Voy a intentar razonarlo (porque se puede) de la mejor manera posible, pero el lector también tiene que hacer un esfuerzo por comprenderlo, y sobre todo, no sólo por razonarlo, sino también por intuir aquellas cosas que se escapan de la lógica racional. Si no, será tiempo perdido. Espero que puedan aprovechar este conocimiento tanto como yo lo hago y espero hacerlo.

A %d blogueros les gusta esto: