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¿El Salvador?

thGeneralmente no hablo de cuestiones relativas a la navidad ni el supuesto nacimiento del Cristo porque en realidad lo considero bastante irrelevante. Quiero aclarar este punto porque generalmente hay mucha gente que se molesta, religiosa y no religiosa, aunque lo hacen innecesariamente. Sin considerar cuestiones relativas a lo religioso o lo esotérico, en realidad es bastante irrelevante. Tampoco tiene demasiada importancia que los antiguos dieran relevancia a esta fecha por la cuestión de las cosechas (las saturniales), y otros posibles ritos. En realidad, todo esto es irrelevante. A mi me interesa más otra cosa, LA COSA, la que probablemente es la cuestión fundamental de todos los tiempos. El concepto de mesias. El concepto de salvador y lo que supone para nosotros, y el porqué poseemos este concepto. Al final del todo, esto es lo más relevante e importante. Se convierte en la piedra angular de todos estos mitos e incluso casi se podría decir que de nuestra civilización occidental. Porque de hecho, no deja de resultar curioso que aunque muchas civilizaciones tienen salvadores, la nuestra es la única que no sólo TIENE salvadores, sino que los busca y necesita. Y ahí, amigos, está el quid de la cuestión. Sigue leyendo

Despertar

La flor de loto es un símbolo del despertar espiritual y la adquisición del conocimiento superior

La flor de loto es un símbolo del despertar espiritual y la adquisición del conocimiento superior

Respeto la idea de que hay que extender la verdad por el mundo. No sólo la respeto, sino que la comparto. Ahora, lo que no comparto con mucha gente, por las razones que voy a dar a continuación, es la forma de hacerlo. Existen dos perspectivas en este sentido: por un lado, existe la idea de que dando un montón de información a la gente y explicándole todo como si fueran niños pequeños es suficiente. Yo, sin embargo, creo que de hecho esa es la forma más ineficiente de conseguir el objetivo de “despertar”. Tal vez porque para empezar, es posible que defiramos en la idea de lo que es “despertar”. En mi camino a la luz, me he encontrado con muchas personas que se auto-denominan “despiertas” y que realmente lo único que han conseguido es, como mucho, darse cuenta de que viven en un mundo más bien desastroso, y eso les fastidia, con toda razón. Pero no son realmente despiertos. Son los típicos que luego gustan de ir a manifestaciones, protestas, sentadas… Son gente dada a seguir el conflicto con el sistema, para poder decir que “esta boca es mía” sin pararse a pensar que, en general, esas acciones o bien de hecho están en muchos casos controladas por el sistema o alimentan al propio sistema. Como ya he explicado varias veces, el sistema funciona en base al conflicto. Si se le da conflicto, simplemente se le está alimentando, justo lo que me parece que no debería hacer un auténtico anti-sistema (y un despierto sólo puede ser anti-sistema). Sigue leyendo

La diligencia

Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa.

– Mahatma Ghandi.

Aunque suene a película del oeste, no estoy hablando de esos carros tirados por caballos que solían transportar por igual personas, oro o nóminas, o todo a la vez en el mismo viaje (lo de los agujeros de seguridad no lo dominaban entonces…). Obviamente, estoy hablando de la primera virtud del alma a la que me voy a referir en una serie de artículos, cada uno con una virtud concreta a desarrollar. ¿Por qué en el artículo anterior sólo hice un resumen de los defectos? ¡Porque ya los conocemos demasiado bien! Sólo quería resaltarlos para que alguien felizmente se percatara de cual de ellos tenía más desarrollado y tal vez, con suerte, comprendiera como combatirlos… Pero claro, para eso, hasta cierto punto es necesario conocer también las virtudes, las fortalezas del alma, precisamente aquellas cosas con las que podemos luchar contra el enemigo interior. Os presento a la némesis de la pereza: la diligencia. Sigue leyendo

20120716-Los-siete-pecados-capitalesEl siete es un número mágico, en muchos sentidos. El siete es uno de los números más importantes a nivel esotérico, y son los mundos y las virtudes del alma, pero también sus defectos. Debemos entender que toda virtud es una fortaleza y todo defecto es una debilidad. La mayoría de las personas creen que una fortaleza ha de ser algo físico, social, que de “fuerza” ante los demás. Pero esa fortaleza es ilusoria, y fácilmente destructible ya que es frágil, como el propio cuerpo físico y la sociedad. Pero sólo lo que hay dentro de uno es fuerte, y sólo puede ser fuerte si se practican las virtudes del alma: Sigue leyendo

¿Sin hogar?

Foto: Gautam Basu (TOROS / EPOTY.ORG)

He visto esta fotografía en una red social y contemplando la escena, y leyendo después los comentarios de la gente, me ha sobrevenido una cuestión… ¿Realmente somos conscientes de hasta que punto proyectamos nuestras manías, fobias, miedos y pensamientos en los demás?

La escena es lo que es, no requiere de mayor explicación: una madre cuya familia vive en una tubería (lo que aquí llamaríamos comúnmente un “sin hogar”) viste a su hija para que vaya al colegio una mañana cualquiera mientras ella se termina de despertar. Hasta aquí, los comentarios más habituales y lógicos son: “que pena”, “es una foto terrible”, etc… Y entonces yo me pregunto, sin dar ni quitar la razón a nadie: ¿realmente nos paramos a pensar hasta que punto volcamos en los demás nuestros condicionamientos sociales y culturales, e incluso nuestros propios problemas internos a resultas de nuestra visión de la realidad? Mirándolo desde otro punto de vista (la recalcitrante “perspectiva”), ¿no podemos ver en esta imagen exactamente lo mismo, pero tomando esa tubería como “su hogar”? Que nosotros estemos acostumbrados a vivir entre cuatro paredes (por cierto, mal hogar es ese, no nos engañemos, todos lo pensamos) y con una serie de cosas que damos por hechas (agua corriente, electricidad, electrodomésticos), ¿implica que cualquier otra forma de vida que podamos apreciar como “indeseable” es peor o perjudicial para quienes lo viven? ¿Eso implica que unos indígenas, que viven poco menos que casi a la intemperie, con unos cuantos palos, paja y algunos utensilios, son poco menos que infrahumanos? ¿No es esa la mentalidad que llevó a considerar a otros pueblos como inferiores, colonizándolos y esclavizándolos? Yo digo lo que veo: veo a una madre vistiendo a su hija para ir al colegio. Punto. También veo una tubería, pero veo que esa tubería es su casa (en esas latitudes no es un problema vivir al raso, ya que el tiempo siempre acompaña), y ellas así lo consideran. Es muy probable que les gustara vivir en otro sitio, pero… ¿Quienes somos nosotros para prejuzgar si es mejor o peor que cualquier otra cosa? ¿Por qué asumimos, indefectiblemente, que esas personas son desgraciadas o viven en la indigencia por eso? ¿Por qué los llamamos “sin hogar”, de forma totalmente gratuita, cuando es muy posible que ellas no se vean así?

Nosotros creamos nuestra realidad no sólo con lo que pensamos y deseamos, sino con esos sentimientos inconscientes que son los prejuicios. Ya no es que veamos la realidad con según que prismas, es que nosotros mismos recreamos esa realidad en base a esos condicionamientos. Y nosotros nunca estamos contentos con lo que tenemos: nuestra casa no nos gusta (por lo general), nuestro coche, nuestro trabajo, nuestras amistades, todo lo que nos pasa… Nada nos gusta. Y posiblemente sea porque de alguna forma, nos auto-condicionamos para que no nos gusten. Deseamos tantas cosas tanto tiempo que indefectiblemente estamos consiguiendo que, en efecto, nada nos guste. Ni nosotros mismos. Tal vez va siendo hora de que miremos todo con otra perspectiva. Tal vez descubramos que podemos ser mucho más felices deseando menos.

Uno de los debates habituales que suele haber con otros despiertos es la capacidad de los dormidos para entender que lo están y tomar decisiones, vamos, lo que comunmente se denomina “libre albedrío”. Este debate requiere de un profundo conocimiento de ciertas cuestiones que al menos me gustaría vislumbrar aquí y que creo que son sumamente importantes. La capacidad de decidir es, para los despiertos, la máxima expresión de libertad, pero para los dormidos, como los cientifistas suelen decir, es una ilusión. Y razón no les falta en realidad. Vamos a ver porqué.

¿Qué es el libre albedrío? Podríamos ser reduccionistas y decir que es tener capacidad de elección (libertad de elección, dicho de forma más populista), pero sólo esto no define el libre albedrío. Poder decidir entre dos o más cosas no parece ser tener libertad para hacerlo. Habitualmente, consideramos tener diversas opciones a nuestra disposición cuando, en general, sólo tenemos un número finito prefijado por alguna otra entidad (padres, profesores, jefes, empresas, gobiernos, bancos, etc…) que restringe esa capacidad en virtud de que sólo podemos elegir las opciones que nos dan, cuando, si miramos con la perspectiva correcta, siempre hay muchas más opciones que simplemente no están a la vista (y cuando eso pasa, generalmente no las tenemos en consideración, sobre todo por desconocimiento). En virtud de eso, es obvio que no hay libre albedrío, porque lógicamente deberíamos poder decidir libremente entre todas las opciones sin límites, incluso si no las tenemos delante. Pero esta es la primera cuestión a considerar, y esto nos lleva a la siguiente cuestión relevante: ¿es posible el libre albedrío sin conocimiento?
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Eres libre; se consciente

Una larga caravana de camellos avanzaba por el desierto hasta que llegó a un oasis y los hombres decidieron pasar allí la noche. Conductores y camellos estaban cansados y con ganas de dormir, pero cuando llegó el momento de atar a los animales, se dieron cuenta de que faltaba un poste. Todos los camellos estaban debidamente estacados excepto uno. Nadie quería pasar la noche en vela vigilando al animal pero, a la vez, tampoco querían perder el camello.

Después de mucho pensar, uno de los hombres tuvo una buena idea. Fue hasta el camello, cogió las riendas y realizó todos los movimientos como si atara el animal a un poste imaginario. Después, el camello se sentó, convencido de que estaba fuertemente sujeto y todos se fueron a descansar.

A la mañana siguiente, desataron a los camellos y los prepararon para continuar el viaje. Había un camello, sin embargo, que no quería ponerse en pie. Los conductores tiraron de el, pero el animal no quería moverse.

Finalmente, uno de los hombres entendió el porqué de la obstinación del camello. Se puso de pie delante del poste de amarre imaginario y realizó todos los movimientos con que normalmente desataba la cuerda para soltar al animal. Inmediatamente después, el camello se puso en pie sin la menor vacilación, creyendo que ya estaba libre.

La madurez espiritual

Retrato de un sheikh (Wikipedia)

Se dice que un sheikh nunca debería ser el huésped de un sultán, y que incluso cuando el sheikh visita al sultán, éste es su huésped. Es decir, el sheikh va a enseñar y a beneficiar al sultán, no ha recibir nada de él. Incluso un sheikh tiene que guardarse de las tentaciones del dinero, la fama y el poder.

Hace años, el sultán del Imperio Otomano empezó a venir a las reuniones de nuestra Orden. El sultán estaba asombrado con la sabiduría del Sheikh Jerrahi, así como enamorado de la ceremonia de los derviches.

Después de algunos meses, el sultán le dijo al sheikh: “En mis visitas aquí, usted y sus derviches me han impresionado e inspirado de forma extraordinaria. Quisiera apoyarles en lo que pueda. Por favor, pídame
lo que sea”.

Se trataba de una oferta más que apetecible: carta blanca del gobernador de uno de los mayores imperios de la tierra.

El sheikh dijo: “Sí, mi sultán, puede hacer una cosa por mí. Por favor, no vuelva más con nosotros”.

El sultán, extrañado, preguntó: “¿He hecho algo mal? No conozco todas las reglas de la cortesía sufi, y de veras lo siento si lo he ofendido”.

“¡No, no!” El problema no es usted, sino con mis derviches. Antes de que usted viniera, ellos rezaban y cantaban los Nombres Divinos sólo por el amor de Allah. Ahora, cuando hacen sus oraciones y cantos
piensan en usted. Piensan en ganar su aprobación, en su riqueza y en el poder que podrían obtener con ello. No, mi sultán, no es usted sino nosotros. Me temo que no tenemos la suficiente madurez espiritual para soportar su presencia aquí. Por eso es por lo que me veo obligado a pedirle que no vuelva”.

Lo que vemos en los demás

Últimamente ando muy liado pero no me olvido de escribir… Ahí va otro pequeño relato relacionado con la ley de la correspondencia que me he encontrado hoy.

Una fabula de oriente nos habla de un emperador y un monje zen que se encontraron cara a cara por primera vez.

El emperador gobernaba un reino donde se practicaba el budismo y el monje quizo reunirse con el dispuesto a compartir cuentos de ilustración.

Sin embargo cuando se reunieron el emperador decidio poner a prueba al monje diciendole:
Cuando me miras, que ves en mi?

Veo un buda respondio el monje; y tu cuando me miras que ves en mi? pregunto a su vez.

Veo a un cerdo respondio el emperador y esperando la reaccion del monje no dijo nada mas.

El monje reflexiono un momento y dijo:

Un buda ve a un buda y un cerdo ve a un cerdo.

“Trata a los demas como te gustaria ser tratado”

Yo, hombre, mujer, Cosmos

Pequeño relato hindú que he encontrado en una lista de correo. Aleccionador sobre el sentido de la polaridad y la integración con el Cosmos:

Era un yogui abstinente que había aprendido a canalizar todas sus energías sexuales hacia el desarrollo espiritual. Vivía en una casita a las afueras del pueblo y era frecuentemente requerido por devotos del pueblo que le reclamaban instrucción mística.

Cierto día, un grupo de buscadores los visitaron y le expusieron la siguiente cuestión:

-Maestro, nos preguntamos como puedes asumir tan fácilmente tu soledad, cómo no echas de menos a una mujer que te acompañe y te sirva de apoyo y consuelo.

-Nunca estoy solo, os lo aseguro -repuso el yogui-. Yo soy hombre y mujer. He logrado unificar en mí ambas polaridades y jamás podré ya sentirme solo. Me siento pleno y siempre acompañado. Cuando por ejemplo, barro mi casa o tiendo mi lienzo, soy mujer, pero cuando cargo grandes pesos o corto leña, soy hombre. Según la tarea que lleve acabo, me siento hombre o mujer, pero en verdad no soy ni lo uno ni lo otro, por que soy ambos a la vez.

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